Las Banderas del Pan y de
Ignoro de donde viene esta tradición, y lo más probable es que venga de España como gran parte de nuestras costumbres y tradiciones, pero de lo que sí estoy seguro es que esas banderas rojas y blancas colgadas en las calles me acompañaron a lo largo de toda mi existencia en Trupán y las recuerdo desde siempre, ya sea en mi estancia veraniega o en cualquier estación, cuando regresaba a mi terruño siempre estaban ahí, para avisarnos con su imagen simbólica “aquí se vende carne” o …“aquí se vende pan”.
Siempre más de una presente en las calles del pueblo, principalmente en la calle central, como una invitación amable o simplemente un anuncio lleno de tradición que le da identidad a nuestro pueblo.
¿Quién ha visitado o pasado por Trupán y no ha visto sus banderas blancas y rojas en las calles?
Este es sin duda un sello distintivo de nuestro Trupán querido y aunque no exclusivo de él, si es verdad que quedan pocos lugares de Chile donde aún se ven estas banderas en las calles y Trupán es uno de ellos.
Quiero en este espacio rendir un homenaje, recordando a todos aquellos hombres y mujeres que desde tiempos remotos ejercieron estas actividades y enarbolaron sus banderas blancas y rojas frente a su comercio para anunciar y vender su producto.
He averiguado, he indagado y logré dar con algunos exponentes de esta tradición, y comenzaré por los más antiguos.
Quizás muchos de nosotros ni siquiera habrá oído hablar de ellos, pero aunque sea un nombre, sirva su sola mención como un sentido homenaje a sus vidas y a su actividad que con entusiasmo y esfuerzo desarrollaron, cada cual en su respectiva época.
Cuentan los antiguos trupaninos, que uno de los primeros que se tiene memoria que ejerció este oficio, (estoy hablando de alrededor de 1920 o 1930), en el mismo lugar donde se ubica actualmente el almacén de don Nano Sandoval, es Don Cipriano, quien al parecer tenía alguna relación de parentesco con la familia del finado don Ramón Barra (uno de los más longevos habitantes de Trupán).
Tiene entonces este trupanino el honor de ser el primero del que se tiene antecedentes, que hizo flamear la bandera roja que anuncia la venta de carne en las calles de Trupán.
Otro trupanino que enarboló por muchos años la bandera roja frente a su comercio fue el finado Fidel Godoy junto a su esposa la finada señora Milagro, ambos quizás un poco más tarde que el anterior, pero antes del año 1940, y que tenían su negocio en la esquina de las calles Alejandro Pérez con Progreso.
Su casa particular estaba inicialmente en el camino que baja hacia el Molino al costado derecho y unos metros más abajo de donde comienza el “terraplen”, pero en sus años finales estos trupaninos laboriosos, vinieron a ocupar junto a su familia la esquina antes mencionada.
También usó la bandera roja de la carne para anunciar su venta, pero esta vez no en la calle Central sino que en su casa de Manuel Rodríguez (una de las pocas casas con corredor a la calle), el finado don José Primero Ulloa, hijo de la finada doña Santos Ulloa. Allí ejerció el comercio de la carne por varios años este trupanino esforzado y progresista, quien es padre de nuestro conocido coterráneo José Ulloa, mi vecino por largos años.
Casi en la misma esquina de Alejandro Pérez con Progreso y a escasos metros hacia abajo, años después y aproximadamente a comienzos de la década de los 60 flameó la bandera roja de la carnicería del finado don Ricardo Valenzuela, conspicuo trupanino de voz grave y poderosa, de gran estatura y personalidad quien atendía a su clientela siempre con agradable y amena charla de la actualidad nacional y doméstica.
Para mi en lo personal el es personaje que encarna un hombre muy especial, que contaba con la simpatía de todos sus vecinos y que ejerció el oficio de carnicero por largos años.
En la misma calle central, pero en la siguiente cuadra hacia la plaza, se ubicaba la carnicería del finado don Humberto Valenzuela, hombre de gran amabilidad y agradable trato con sus clientes y que tenía la particularidad que solo comercializaba carne de cordero.
Aunque del mismo apellido del anterior, pero hasta donde yo sé no tenían parentesco alguno, don Humberto, noble y trabajador trupanino, es el padre de nuestra conocida señora Alicia quien al igual que su progenitor, se dedica al comercio hasta el día de hoy.
Finalmente, en esta actividad está la figura de don Nano Sandoval, quien por largos años hizo flamear la bandera roja en su casa del camino a Chañigüen.
Don Nano ejerce hasta la actualidad esta actividad y son de su almacén de la calle central, las banderas blanca y roja de la fotografía.
En el noble oficio de hacer pan y comercializarlo la lista no es tan larga, pues este producto antiguamente se hacía en todas las casas y por las facilidades que da la leña como combustible barato, todavía gran parte de los hogares sigue haciendo su pan en casa.
Con todo lo anterior, este comercio no pudo ser nunca un floreciente negocio, sino que solo el entusiasmo y necesidad de aportar con algún ingreso a la familia llevó a algunos a ejercerlo en forma esforzada.
Antes del año sesenta vendía pan la finada señora Dulia, primera esposa del finado comerciante Juan Arias. En el almacén de este intachable y pujante trupanino, su esposa expendía el rico sabor del pan amasado hecho en horno de barro.
También lo hicieron la finada Clotilde Salazar, madre de la finada Aurora Seguel de Muñoz.
Hizo flamear la bandera blanca del pan frente a su domicilio la finada señora Beatriz, al parecer madre sola, que con empuje y esfuerzo elaboraba su rico y aromático pan amasado, que hacía las delicias de todos los que lo probaban, especialmente los niños.
Hay que rememorar solo un poco la infancia, para recordar el manjar que significa en las manos de un niño un rico y tibio pan amasado, y el de la señora Beatriz cumplía todos los requerimientos de esta delicia que es el pan amasado hecho en horno de barro.
Finalmente tenemos como exponente de esta noble actividad de hacer y comercializar pan, al finado Abraham Obreque, hermano del finado Víctor Obreque, antiguo y conocido comerciante con su almacén junto al reten de carabineros y que era punto obligado de muchos niños para adquirir unas golosinas o galletas de regreso de la escuela.
Don Abraham Obreque, quien era un entusiasta de las actividades deportivas y especialmente del fútbol, amigo de los jóvenes en general y por ende poseedor de un espíritu juvenil, presente en toda actividad del fútbol, aportando siempre con su pasión, entusiasmo y experiencia a toda actividad.
Este trupanino de espíritu joven, hacía el más rico pan amasado que probé jamás en Trupán, había que estar atento para cuando don Abraham colgara su bandera blanca, pues sucedía lo de siempre a los pocos minutos de iniciar la venta, el pan amasado rápidamente se agotaba.
Nunca supe si lo cocinaba en horno de barro o simplemente en cocina leña, pero lo que si tengo claro que era un delicioso y rico pan amasado que se anunciaba con la bandera blanca colgada en su pequeño mástil clavado en un árbol ubicado frente a su casa en la calle central de Trupán.
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Grande Joel,
Haz hecho una crónica de mucho valor que da cuenta de simbolos que talvéz pasan o pasaron desapercibidas ante nuestros ojos, con una retrospectiva de mucho valor histórico y que bueno que se plasme en este espacio, para el conocimiento de las generaciones más jovenes
saludos.